El terror en el cine y su gran problema

El género de terror nació con el mismo cine. En 1896 fueron los hermanos Lumière los que hicieron la primera cinta de terror sin quererlo. Dicha cinta se llamaba “L’arrivée d’un train a La Ciotat” (la llegada del tren). En ella únicamente se veía como un tren llegaba a la estación en perspectiva frontal, y tan solo duraba cincuenta segundos. Los primeros que la vieron, debido a que el cine era un invento muy desconocido, salieron corriendo de la sala creyendo que este les iba a arrollar. Y fue en ese momento cuando nació el cine de terror.


Primero creo que debería definir bien este género, para que cualquier usuario pueda entender a que me refiero con “el gran problema del cine de terror”: el objetivo del buen cine debería ser transmitir sensaciones, y el cine de terror (debería) transmitir sensaciones tales como agobio, miedo, terror, pavor, desagrado y una larga lista de sensaciones aparentemente negativas, pero que provocan una liberación de adrenalina que nos hacen sentir muy bien.


El problema del cine actual de terror viene cuando este se olvida de que deben transmitir esas sensaciones. Un gran porcentaje de las películas actuales se basan en “jump scares” simplones y tópicos que de tanto verlos nos han dejado de asustar. Para el que desconozca lo que es, un jump scare es un intento de hacer saltar al espectador de la silla mediante una imagen terrorífica y un sonido fuerte. Evidentemente con esta definición podemos ver la amplitud del concepto, e incluso se nos pueden venir a la mente grandes momentos con este tipo de sustos, pero el problema del terror en los últimos años no viene en el salto, sino en lo que hay antes. El momento previo es el que nos prepara para el impacto, es un tiempo en el que el director nos debe hacer vulnerables y retorcernos en la silla. Y esto hoy en día, en la mayoría de las películas no está bien logrado.


El suspenso es quizá ese elemento que le falta al cine de terror actual. Y creo que para entender esto habría que escuchar a directores que, sí saben generar tensión. Aunque el terror no sea su género predilecto. Quentin Tarantino dijo en una ocasión: “El suspenso es como una cinta elástica, que estiro y estiro, hasta que veo dónde puede llegar. (…) Mientras más podamos estirarla mejor va a funcionar la escena”. Lograr “estirar” una escena para que se sienta realmente terrorífica se consigue sabiendo marcar un buen ritmo y con un buen montaje. Conceptos que hoy en día se suelen olvidar por tal de hacer películas más sencillas, que probablemente conseguirán una taquilla similar.


Las grandes productoras, por desgracia, hoy en día prefieren explotar una franquicia de terror, antes que centrarse en generarlo. Un claro ejemplo es la franquicia «The Conjuring». Una saga que empezó dirigiendo James Wan, un genio del cine de terror, y que con cada nueva entrega que no dirigía él iba perdiendo el interés de los fans, casi a la par que la franquicia «Saw».


Aunque en ocasiones ni siquiera es necesario tirar de la cinta que antes hemos nombrado para hacer grandes películas de terror. Se pueden transmitir otras sensaciones que nada tengan que ver con la espera del jump scare. Un claro ejemplo de esto es la película “Madre!” De Darren Aranofsky de la que ya hablé aquí. Esta cinta logra crear autentica ansiedad en el espectador, y hacerlo sentir rabioso de impotencia. Quizá esas no sean unas sensaciones que vayan a “arrasar” en la taquilla, y probablemente hagan que el espectador odie la cinta, pero indudablemente quedará en el recuerdo de amantes de este género.


Así que para cerrar esto, voy a verter todas las culpas en la falta de riesgo de las grandes productoras y de algún que otro director. Si a la hora de hacer una película se rompieran referentes, técnicas recurrentes y tópicos usados mil veces, probablemente saldría una película diferente, arriesgada y única. Y quizá no sería mejor que otras conocidas, pero aportaría mucho más a la industria de lo que aporta este cine «mainstream» al que tan acostumbrados nos tienen.

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