Érase una vez en… Hollywood – Una carta de amor al cine con el sello Tarantino

Antes de comenzar la crítica debo confirmar y aclarar que soy fan absoluto de Quentin Tarantino. Es mi director favorito y la mejor película que he visto jamás es «Pulp Fiction». Por lo que, si esperabais una crítica objetiva, os habéis equivocado de sitio… es broma, lo de que os habéis equivocado de sitio, no lo de Tarantino.

Pues bien, por fin tenemos el noveno largometraje del excéntrico director, un homenaje al Hollywood de antaño, con un reparto de lujo y con los crímenes de Charles Manson como telón de fondo. Tenía muchas ganas de ver el proyecto desde que se anunció, ya que todo era prometedor en él.

Una vez vista, puedo confirmar que estamos ante una gran película, de las mejores del año (lo cual no era muy difícil, por cierto), pero que no está a la altura de los mejores trabajos del cineasta, como «Pulp Fiction», «Malditos Bastardos», «Django Desencadenado» o «Reservoir Dogs».

¿Qué se puede decir de un director como Tarantino? Pues que es un artista en lo suyo y siempre regala grandes momentos y planos más que interesantes y fascinantes. Ninguna secuencia de la película decepciona (sobre todo el clímax final, indescriptible), y el bueno de Quentin lo da todo, ya sea en los diálogos o en los momentos más impactantes de la cinta. Se nota su sello en cada secuencia, y eso es algo de lo que no pueden alardear otros compañeros de profesión. Un genio.

En cuanto a la historia, ésta resulta más que interesante, pero está plagada de escenas sueltas, como si se tratase de una serie. Si no supiéramos nada de la trama ni los hechos reales acontecidos en esa época, no sabríamos muy bien a dónde quiere ir a parar Tarantino. Todo resulta un poco caótico debido a ello, aunque uno nunca se aburre en las dos horas y media que dura la cinta, y eso ya es un logro.

No obstante, los diálogos son divertidos y espléndidos, y los personajes son redondos, ya sea el de DiCaprio o el de Pitt, llenos de matices y con sus propios demonios. Quizás estemos ante dos de los mejores personajes en la filmografía del director. 

Y hablando de los actores, Leonardo DiCaprio ofrece, de nuevo, una inmensa actuación, histriónica en muchos momentos y totalmente hilarante. Y es que el director sabe sacar la vis cómica del popular actor que otros directores ni se preocupan en explotar (y no me refiero a Scorsese y su «Lobo de Wall Street», obviamente). Me apasiona el DiCaprio desmelenado y fuera de sí, y en esta película lo tenemos pletórico. Desde la más absoluta objetividad, creo que se merece una nominación al Oscar, porque le han nominado en otras ocasiones por papeles mucho menos logrados. Sublime.

En cuanto a Brad Pitt, ofrece un personaje comedido y fascinante, que es perfecto como contrapunto del de DiCaprio, ya que ambos tienen una química perfecta (y si no voy mal, jamás habían coincidido hasta ahora). Ambos forman la pareja perfecta y sin ellos la película no sería lo mismo. Tarantino no es tonto, lo sabe y siempre se suele rodear de los mejores, y aquí están los resultados.

Luego tenemos a Margot Robbie en una interpretación entrañable, pero es demasiado secundaria para destacar y protagoniza pocas escenas. Creo que si una actriz menos conocida hubiese conseguido el papel no ocuparía tanto póster, y es que los dos grandes protagonistas de la película son los anteriormente mencionados. Correcta, eso sí.

Respecto al resto del reparto, con multitud de rostros conocidos, todos aportan algo a la cinta, y se agradecen sus apariciones, sobre todo las de unos geniales Al Pacino (ojalá le diesen papeles así más a menudo), Bruce Dern (en una hilarante escena), Kurt Russell (siempre carismático) o Margaret Qualley (sorprendente).

Una cosa que también se puede criticar, al menos para un servidor, es la selección de canciones, ya que, aunque algunas aportan buen rollo y te introducen en la época, no todas están a la altura de otras grandes soundtracks del cineasta. El tiempo dirá.

Como ya he indicado, es una película más que notable pero no perfecta, y que se queda un poco por detrás de otros hitos del director, siendo una ligera decepción, ya que podría haber dado más de sí (y más con ese reparto). Quizás, al ser fan del director, esperaba más de su nueva película, pero me quedo con la sensación de haber visto una gran historia, que deja satisfecho y resulta una aventura más que entretenida y desternillante por el Hollywood de los 60.

En conclusión, estamos ante otra gran película del popular cineasta, con grandes momentos a recordar (no diré nada del final, pero ahí lo dejo), un reparto de lujo (DiCaprio y Pitt nos regalan dos actuaciones y personajes inolvidables), con mucha mala baba y guasa, y que, al fin y al cabo, supone un gran homenaje y una carta de amor al Hollywood de antaño, que es el de lo que más ama Tarantino. Y eso es mucho más de lo que ofrecen producciones más aplaudidas en los últimos años. Gracias, Quentin.

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