Midsommar y la consagración de Ari Aster como uno de los grandes

No hay duda de que Ari Aster se está convirtiendo en un gran director, y tampoco la hay cuando digo que ha logrado con Midsommar un trabajo excelente.
Ya en Hereditary le dio un vuelco al cine de terror, trayendo el horror camuflado en la pérdida y el drama familiar, casi sin utilizar los recursos del cine de terror moderno. Y en Midsommar no solo trae este mismo horror, sino que lo hace a plena luz del día, escenificando una serie de elementos de tal manera que no pierdas la tensión casi en ningún momento del filme.

Todo esto funciona muy bien gracias a la excelente banda sonora (donde recae parte del peso de la película) de Bobby Krlic, y al montaje de esta.
Visualmente es donde más gana esta cinta, por una parte tenemos escenas muy explícitas, algunas incluso rozando lo rocambolesco.
Por otro lado, la increíble fotografía, cada fotograma es una auténtica delicia visual. Todo esto es captado de forma excelente por unos delicados movimientos de cámara y un buen montaje. Sin olvidar claro el gran trabajo en diseño de producción, maquillaje y vestuario.
El elenco en líneas generales está bastante bien, destacando particularmente la actuación de Florence Pugh, que nos acompaña por toda esta vorágine de delirio.
Y ahora llego al que creo que es el mayor problema (aunque no tiene muchos más) de Midsommar; el ritmo. Teniendo un guión bastante correcto, es cierto que hay momentos en los que te sientes desconectado de la película, bien porque le falta algún elemento conector o simplemente porque le sobra algo de metraje a los 145 minutos de la cinta.

Aster confirma lo que ya vaticinó en su primera película, y se consagra como uno de los grandes directores actuales. Y mientras esperamos su próximo trabajo (y quién sabe si cambiando de género) de forma expectante, podemos disfrutar de dos auténticas obras de arte del cine de terror .

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