En mi defensa, lo vi en una película

A diario los medios de comunicación más clásicos y anticuados usan el cine o los videojuegos como objeto acusatorio para ciertos crímenes o incidentes ocurridos en la realidad. Esto no es algo nuevo, ya pasó en el 75 cuando se acusó a la película de Stanley Kubrick “La Naranja Mecánica” de incitar a los jóvenes a cometer crímenes y tener actitudes psicóticas. Y tampoco es algo que finalice pronto, si bien los videojuegos han acaparado la atención de la prensa, lo cierto es que el cine sigue siendo otro de los grandes objetos acusatorios.

Nos enseñan desde que somos pequeños que no somos perfectos, y que el buscar referentes es algo necesario. Nos presentan a gente a la que admirar y que debemos basarnos en un estilo de vida o debemos adoptar una forma de actuar predeterminada por un anterior, pero en el momento en que un caso aislado decide actuar de forma parecida a un videojuego o película se forma el apocalipsis y toda la prensa de doble moral balbucean críticas sin sentido.

Quizá el acusar a la sociedad y exculpar al entretenimiento es ir demasiado lejos, o quizá no.

Podríamos hablar de la individualidad de cada caso, uno por uno, y ver que los orígenes del acto realizado son muy diferentes a los que se plantean. Evidentemente la gente hará click antes en un “El niño de la matanza de X jugaba a videojuegos violentos / estaba obsesionado con una serie de un asesino”, antes que un “El niño de la matanza de X tenía un problema y esa es la única razón del atentado”. Cualquier defensor de esos medios o de la teoría que intento refutar podría saltar con “¿Y los que imitan directamente la actitud de un personaje?” Mi respuesta seguiría siendo que habría que analizar la individualidad de cada caso, y que probablemente esa persona tenga un problema más allá de ver una película o un videojuego.

Yo mismo soy un obsesivo de grandes personajes del cine, hay personajes que han nacido para ser amados, aunque en ningún momento se me ocurre imitar ninguna de sus actitudes (más que un par de grandes frases). Todos sabemos separar realidad de ficción y distinguir cuando algo está bien o no, pero la prensa sigue esforzándose por hacernos creer que la violencia es mala. Que lo es. Pero la ficción es la ficción, y sabemos distinguir bien la realidad de la ficción.

Parece broma (o quizá lo es) que un simple “opinador de cine” sea capaz de razonar más que periodistas titulados que anteponen antes el vender a la verdad.

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