Cisne Negro, otra obra maestra de Aronofsky

Darren Aronofsky es uno de los directores con más personalidad del panorama actual, desde Requiem for a dream hasta Madre!, este cineasta ha conseguido enamorar al público y sobre todo a la crítica con varias de sus producciones. Pese a que para mí Madre! sea su obra maestra, las cintas que más reconocimiento le trajeron en su día fueron Requiem for a dream y Cisne negro, ambas un viaje desagradable sobre la obsesión que Aronofsky trata de forma perfecta. Y hoy quería retomar uno de estos viajes en forma de crítica, en concreto el de la que ha sido su cinta más galardonada, Cisne Negro. Una película oscura y llena de rarezas que vale la pena visionar más de una vez.

El argumento nos presenta a Nina, una chica rígida y reprimida por su madre, que no tiene libertad y duerme rodeada de peluches, como si fuera una niña pequeña. Vive por y para la danza, y no hay nada más importante en su vida. Tras el despido de la antigua bailarina por razones de edad, Nina se hace con el papel principal en la obra El Lago de los Cisnes. Su papel como cisne blanco es perfecto, sus movimientos son milimétricos y excelentes, pero como cisne negro le falta pasión y desenfreno. Esto lo lleva poco a poco a sumergirse en una obsesión con el papel y con todo lo que lo rodea, llegando incluso a auto-lesionarse. A todo esto, se le junta su enemistad con Lily, una compañera en la que ve una versión mejorada de si misma, esta enemistad le lleva a desenfrenarse y explorar el mundo mientras descubre que Lily le quiere robar el papel de cisne protagonista.

La forma que tiene Aronofsky de tratar la locura es ejemplar y la actuación de Portman lo acompaña muy bien. La capacidad de la actriz de aguantar primeros planos y no sacarte de la cinta es excelente, y eso junto a una dirección excelente hace que el resultado sea milimétrico. Aronofsky nos encierra en una habitación y empieza a llenarla de agua muy lentamente, hasta el punto en que estamos sofocados deseando que ese espectáculo visual acabe, consigue generar verdadera tensión y hace de las incomodidades el sello de la película. Perfeccionando el estilo que consiguió en Requiem for a Dream consigue que el espectador quiera cerrar los ojos o pausar el reproductor en más de un momento, combinándolo con momentos visualmente impactantes que hacen del desagrado otro personaje más de la película.

Las escenas de danza y baile son puro arte, la cámara baila con la protagonista como si fuera un elemento más del espectáculo, y eso junto a una iluminación excelente hace que sientas que estás viendo arte, y le da a la obra la dignidad artística que se merece. Aronofsky entiende que no puedes hablar del arte del ballet sin enamorar al público con este arte y lo hace de forma muy efectiva.

La obsesión de Nina transforma toda la película en la obra de ballet que representará, El lago de los Cisnes. Dicha obra nos cuenta la historia de como una chica durante el día obtiene la forma de un cisne y con la noche adopta su forma humana, todo esto representado de forma metafórica (y no tan metafórica) durante toda la película. Su imaginación transforma a Lily en esa princesa oscura de la obra, a su instructor en un amante que la traiciona y a ella misma en la mártir que es el cisne.

Cisne Negro es en lineas generales prácticamente perfecta, aunque más tarde el cineasta nos trajo su mejor tratamiento del género con Madre!.

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